“Mi hijo no quiere estudiar”: lo que muchas veces hay detrás cuando salimos del colegio
Hace unos días, una mamá del acompañamiento me escribió angustiada.
Me decía:
💭
“Fiore, siento que mi hijo no quiere aprender nada.
Si yo no le digo que se siente a estudiar, no hace nada.
Y sinceramente… no le estoy encontrando la vuelta.”
Y la entiendo profundamente.
Porque creo que una de las partes más difíciles cuando salimos del sistema educativo es justamente esa:
el momento en que dejamos de tener una estructura externa… pero todavía no encontramos una nueva manera de acompañar.
Y ahí aparece un vacío.
Un período bisagra.
Yo siempre digo que existe una especie de “detox escolar”.
Un tiempo donde el niño —y también el adulto— necesitan descomprimir años de directivas, exigencias, horarios, estímulos constantes y aprendizaje asociado a presión.
Pero el problema es que muchas veces queremos salir del colegio…
sin salir realmente de la lógica escolar.
Entonces dejamos la escuela…
pero seguimos intentando que el aprendizaje ocurra igual:
sentados,
haciendo tareas,
estudiando contenidos,
cumpliendo expectativas.
Y cuando eso no pasa…
aparece el miedo.
💭
“Está perdiendo tiempo.”
“No está aprendiendo.”
“No le interesa nada.”
“Se la pasa jugando.”
“Se va a atrasar.”
Pero muchas veces no es que el niño no quiera aprender.
Es que primero necesita volver a encontrarse con él mismo.
El vacío incomoda… pero es parte del proceso
Muchos niños cuando salen del sistema quedan totalmente tomados por las pantallas o los videojuegos.
Y eso genera muchísima angustia en las familias.
Porque pareciera que “no hacen nada”.
Pero muchas veces lo que pasa es que todavía no pueden registrar qué desean realmente.
Siguen hiper estimulados.
Siguen funcionando desde afuera.
Y cuanto más intervenimos,
más proponemos,
más sugerimos,
más presionamos,
más se alarga ese proceso.
Porque el aprendizaje natural necesita algo que al sistema educativo le cuesta muchísimo sostener:
🌱 tiempo
🌱 silencio
🌱 observación
🌱 aburrimiento
🌱 vínculo
🌱 seguridad emocional
Y eso no significa “hacer cualquier cosa”.
Tampoco significa ausencia de límites.
De hecho, muchas veces parte del acompañamiento implica justamente empezar a construir límites más conscientes.
No desde el control.
No desde la presión.
Sino desde generar un entorno más sano.
Porque una cosa es sacar un videojuego para obligarlo a estudiar…
y otra muy distinta es poder registrar cuándo algo está interfiriendo en su bienestar, su descanso, sus vínculos o su posibilidad de explorarse.
“Pero yo necesito estructura”
Y acá aparece algo muy importante que le pasa a muchísimas familias.
Sobre todo a mamás que:
trabajan desde casa,
estudian,
sostienen solas la crianza,
o tienen poco tiempo y mucho cansancio acumulado.
Porque muchas veces lo que aparece no es solamente la dificultad del niño.
También aparece el colapso del adulto.
Y está bien reconocerlo.
Porque acompañar educación libre no significa que todo tenga que salir perfecto ni que siempre tengamos disponibilidad emocional.
Por eso yo siempre digo:
antes de querer cambiar al niño…
primero tenemos que mirar al adulto.
🌿 ¿Qué necesito yo?
🌿 ¿Qué estructura necesito yo para sentirme segura?
🌿 ¿Qué idea tengo sobre aprender?
🌿 ¿Qué miedos me aparecen?
🌿 ¿Qué siento que debería estar pasando?
Porque muchas veces seguimos midiendo el aprendizaje desde parámetros escolares.
Y aprender…
no es lo mismo que estudiar.
Que un niño se siente a completar ejercicios no significa necesariamente que esté aprendiendo.
Y que un niño juegue,
pregunte,
explore,
se vincule,
observe,
se aburra,
se frustre,
o cree…
también puede ser aprendizaje.
La socialización también forma parte del aprendizaje
En esta conversación apareció otro tema muy importante:
la necesidad de vínculo.
Porque muchos niños, cuando salen del colegio y además pasan demasiado tiempo en dispositivos, empiezan a encerrarse más.
Y ahí sí necesitamos intervenir.
No necesariamente para “escolarizar” otra vez.
Sino para acompañar espacios reales de encuentro.
Porque las habilidades blandas también se aprenden.
🌱 compartir
🌱 esperar
🌱 frustrarse
🌱 comunicar lo que siento
🌱 resolver conflictos
🌱 convivir
🌱 registrar al otro
Y eso no sucede mágicamente.
Necesita presencia adulta.
Acompañamiento.
Disponibilidad.
Prueba y error.
Yo misma pasé por muchos espacios hasta encontrar lugares donde mis hijas se sintieran cómodas.
Y eso también es parte del camino.
La educación libre empieza primero por nosotros
Creo que una de las cosas más importantes que entendemos cuando transitamos este camino…
es que la educación libre no empieza en los niños.
Empieza en nosotros.
En poder revisar:
✨ nuestras creencias
✨ nuestra escolarización mental
✨ nuestras expectativas
✨ nuestros miedos
✨ nuestra forma de vincularnos con el aprendizaje
Porque muchas veces el mayor trabajo no es enseñarles algo a ellos.
Es aprender nosotros a soltar.
Y sí…
a veces eso incomoda muchísimo.
Pero también ahí empieza algo nuevo 💛
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